Caso Facundo Rivera: termina el juicio y su cuerpo sigue desaparecido

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Nota publicada en la Agencia de Noticias Paco Urondo (21/8/2015)
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El juicio por el homicidio de Facundo Rivera Alegre -“el Rubio del Pasaje”- empezó sin que el cuerpo de la víctima haya aparecido. Hay tres imputados, uno de ellos es menor de edad. Los testigos claves pidieron declarar a puertas cerradas porque tienen miedo. En cinco audiencias, el caso dejó al descubierto la convivencia entre el narcotráfico y la fuerza policial. La testigo clavé -G. O.- declaró que la policía no entra nunca a barrio Maldonado, salvo cuando le pagan los narcos.

Facundo dejó un vino en la heladera y se fue con tres amigos a ver a Damián Córdoba en el Estadio del Centro. No llevó su celular porque estaba roto. A la salida del baile de cuarteto no se volvió con ellos: cruzó a la parada del E2. Tomó el colectivo y se bajó en barrio Maldonado para ir a la casa de María del Carmen “la Colela” Rearte, conocida por narcotraficante.

Fue a comprar droga para Luciano Calderón -acordeonista de Damián Córdoba- a cambio de que él después lo lleve a Tucumán donde “el Rubio” se encontraría con una chica. O pagó con un billete de cien pesos falso o quiso sacar ventaja y tomar unos gramos de más. Pero la transa terminó en una fuerte discusión con el que vendía: Pablo Rearte (29), hijo de “la Colela”. El menor de edad entró en escena para irse a las manos con “el Rubio”. Pablo los quiso separar. Agarró de ambos brazos a Facundo y se los llevó hacia atrás para dejarlo inmovilizado. K.L. -15 años- sacó un arma que tenía “el Pato” Rearte en la cintura y le quiso pegar con el caño de la pistola pero se le escapó un tiro. G. O. -testigo- miraba la pelea desde el kiosko desde la otra vereda. La bala “se la dio en el medio de la frente. La gorra del Gringo –refiriéndose a Facundo- voló por el aire”, declaró.

A K. L. lo acusan del homicidio de Facundo; a Pablo Rearte de ser el coautor porque lo sostuvo mientras el menor le disparaba. El primer abogado que tuvo Rearte fue Gabriel Zaka, hoy abogado de Lucas Chávez: policía imputado por la muerte de Fernando Pellico. G. O. dice que después a Facundo lo subieron al auto de “la Colela” pero otro testigo dijo haber escuchado de boca de Pablo que lo trasladaron en un móvil de la Comisaría 5°. “La Colela” dice que sus hijos no tienen nada que ver. Tres meses después del homicidio hicieron una prueba de luminol y encontraron sangre en el tablero, en el asiento de atrás, en el volante y en el baúl del auto de los Rearte. Del cuerpo nada se sabe.

La búsqueda empezó por hospitales y comisarías, porque “lo paraban siempre por el Código de Faltas”, dijo Viviana en la primera audiencia. Mientras declaraba tenía en la mano derecha una foto de Facundo y un chupete color rosa de Rocío, su hija. En la Comisaría 3° no le tomaron la denuncia. Era fin de semana largo por los carnavales de febrero y le dijeron que no tenía sentido mover a la fuerza para que volviera el martes después de una caravana.

“Rubiio cordobés!”

En el baile de Damián, Facundo era un chico conocido. Se tocaba la cabeza y desde el escenario, el cantante, le mandaba saludos a “El Rubio del Pasaje” o “El Azulado del Pasaje” de acuerdo al color del que tuviera teñido el pelo ese día.

El domingo 19 llamó María Rosa Salinas, la chica de Tucumán, para preguntar si “el Rubio” había viajado a su provincia. Antes de ir al baile le había mandado mensajes de texto el “Rubiio Cordobes!”, así tenía agendado a Facundo en su celular. “Si i me dijo que te fresco que cuamdo termine el baile que le consiga 50 gramo i lo busque i bolamo pa tucuman (sic)” le dijo. La banda viajó pero Facundo no llegó con ellos. En un mensaje anterior le aclaró que la droga era para Luciano, que “era el que los mandaba a todos” en la banda.

Al otro día, Viviana recibió un llamado anónimo en el mismo teléfono, le dijeron “a tu hijo no lo vas a ver nunca más” y cortaron. Guardó el número y lo presentó a la Policía como prueba. Tiempo después le dijeron que se habría tratado de una broma.

El fin de semana siguiente a la desaparición de Facundo, Viviana fue a Palm Beach, donde tocaba Damián Córdoba. Llevó un cartel con la foto de su hijo y un número de teléfono para que la contacten. Jacinto, el padre de Damián, la recibió pero nunca la dejó subir al escenario. Tampoco se encontró con Damián. Esa noche se conoció con Calderón, le dijo “andá a saber a dónde te lo habrán tirado” refiriéndose a Facundo. También habló con “el Palomo”, el policía que custodiaba a Damián Córdoba. “Lo ubico a este chico. El comisario a cargo del caso es Gabriel Álvarez, buen tipo” le dijo a Viviana. A Álvarez lo desplazaron de su cargo –Jefe de Robos y Hurtos- en junio de este año por estar involucrado en un “narcosecuestro”.

Días después de la desaparición de Facundo, cambiaron toda la custodia de la banda que estaba integrada por policías activos. También borraron de la página de Damián Córdoba las fotos y videos en las que aparecía Facundo. Solo quedó una foto del último baile. “Todo desapareció, junto con él” dijo su madre.

Los testigos claves de la causa pidieron declarar a puertas cerradas. C. G. iba a los bailes con Facundo. Fue el primero en decir que tenía miedo por él y por toda su familia. Contó que no sabía que a Facundo lo habían matado mientras compraba droga en barrio Maldonado. Se enteró cuando se lo dijo Laura Ludueña, la policía que le tomó declaración minutos después de contarle un dato clave de la causa. “El Rubio no era un desconocido para Damián Córdoba, ni para Damián ni para la banda” declaró.

Varios testigos aseguraron que Facundo y Luciano Calderón se conocían. F. F. fue plomo de la banda y declaró que vio, en una oportunidad, que Luciano le daba plata y después de subía a un R9 blanco que el acordeonista usaba de remis trucho para trasladarse en los bailes. También afirmó que Calderón usaba a sus fans para comprar drogas a cambio de dejarlos entrar gratis a los shows.

Luciano dijo que a Facundo apenas lo tenía de vista. Solo lo dejó entrar gratis una vez a un baile en La Morocha porque no tenía plata. Después de negar que había tenido inconvenientes con “la Colela”, recordó que ella fue a su casa a increparlo porque la involucraba con la muerte del “Rubio”. P. C. lloró frente al Tribunal. Entregó su declaración por escrito, le temblaban las manos. Es el testigo que escuchó a Pablo Rearte contar cómo había sido la muerte de Facundo. Antes de ingresar a Tribunales II, dos personas que él conocía, lo abordaron y lo amenazaron: “Tené cuidado con lo que vas a decir”.

El clima era tenso. Todos los días hubo policías adentro de la sala, inclusive a ambos costados. Uno de ellos parado en su lugar extendía los brazos hacia el suelo y juntaba el dedo gordo con el índice mientras estiraba también las manos. Inhalaba y exhalaba con lentitud, profundamente. Parecía hacer yoga mientras los testigos declaraban.

Desaparecido

Del cuerpo de Facundo no hay rastros. Aldo Monje está imputado por encubrimiento: habría cremado el cadáver de Facundo en la época que trabajaba en el cementerio de San Vicente. Emanuel Lucero –amigo de Monje- declaró que el imputado le había contado que cremó el cuerpo de Facundo a cambio de dinero y drogas. También le confesó que “el Rubio” había tenido un drama con un narco de Maldonado.

Empleados del cementerio, el capataz del área de mantenimiento y un director aseguraron que es imposible que una sola persona pueda manipular un cadáver en estado de descomposición: “es un asco total”, “el olor es nauseabundo” dijeron algunos de los testigos. Monje trabajaba en el área de mantenimiento, a veces cavaba fosas. No sabían en qué área ubicarlo porque “es una persona limitada”, no sabía usar la bordeadora o había que explicarle a diario cuáles botones del lavarropas debía apretar para que funcionara.

Los hornos viejos del crematorio estaban en desuso, sólo el “Munin” Romero le conocía las mañanas para ponerlos en funcionamiento. Para usar los hornos nuevos era imprescindible una capacitación que Monje no había realizado. Los testigos contaron que en la puerta del crematorio siempre había un guardia. Las llaves estaban a cargo de la policía. En el cementerio de San Vicente las paredes de los costados están rotas: los vecinos les hacen huecos y utilizan el cementerio como lugar de paso.

“La hipótesis de la Fiscalía se cae a pedazos” dijo Orosz, abogado querellante, al finalizar la cuarta audiencia. Monje es el único imputado por encubrimiento y no hay pruebas para condenarlo. El lunes son los alegatos. Después de la sentencia del juicio, Facundo seguirá desaparecido.

 

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