El trabajo invisible: Cuando el tiempo no es dinero

Entrevista publicada en el suplemento Número Cero de La Voz del Interior (25/6/2017)
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Entrevista con la socióloga española María Ángeles Durán, que analiza cinco claves para entender la “economía del cuidado”.

 

Todos los trabajos no remunerados implican un gasto de tiempo. La socióloga española María Ángeles Durán es la autora del libro El valor del tiempo ¿Cuántas horas te faltan al día?. Ha sido presidenta de la Federación Española de Sociología, también fundadora y directora del Instituto de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Cátedra Unesco “Políticas de igualdad”. Tiene innumerables publicaciones e investigaciones sobre mujer, economía y empleo del tiempo. Durán estuvo de visita en Córdoba, invitada por el Centro de Intercambio y Servicios para el Cono Sur Argentina (Cicsa), para dictar una conferencia en el seminario taller “Mujeres y Ciudad : (In) justicias territoriales”, que se realizó en mayo en el Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria.

Ella dice que una ama de casa es, sobre todo, “una gestora”, porque le corresponde la administración de una parte muy sustantiva tanto del patrimonio como de la renta de los hogares, y por ende, de la Renta Nacional. Pero lo más importante es que gestionan los recursos no monetarios y gran parte de los afectos y del capital simbólico de las familias.

–¿De qué hablamos cuando decimos “Economía del cuidado”?

–Es complejo, primero tenemos que ponernos de acuerdo cuando hablamos de economía. La mayor parte de los informes económicos se olvidan de tres fórmulas de producción que son esenciales y nada más están hablando del mercado. Coexisten simultáneamente cuatro sistemas de producción: la economía de mercado; la economía pública encargada de conceder servicios; la economía del voluntariado regida por criterios de solidaridad; y la economía de las familias, donde el elemento más importante es la donación o intercambio no monetarizado dentro de los miembros de la familia. Las familias y los hogares son unidades de producción y lo fundamental es la división del trabajo dentro de esa unidad entre hombres, mujeres y generaciones. No se entiende una economía real si se habla de economía de mercado. Sólo es una parte, que a veces ni siquiera representa la mitad de la riqueza o de la producción de esa sociedad.–¿El capitalismo concentra su atención en la economía de mercado y deja de lado las otras economías?

–Exactamente, no las tiene muy en cuenta. En concreto la economía de la producción dentro de los hogares aparece como absolutamente flexible y considera que no tiene costes. Tampoco se pregunta quién paga los costes de la economía de las familias que evidentemente son las mujeres porque se hacen cargo de la inmensa mayoría del trabajo que se produce dentro de los hogares.

–¿Por qué las mujeres, en su mayoría, se hacen cargo de las tareas del hogar?

–Podríamos dar razones de tres tipos: una histórica, porque así se hizo siempre y hay inercia de épocas anteriores. Otra es una interpretación que a veces se lleva absolutamente al absurdo, que es de corte naturalista o biológico: como las mujeres por biología son las que quedan embarazadas y las que van a dar a luz, luego de la gestación y el amamantamiento tienen que encargarse de todo lo que tiene que ver con la reproducción o crianza, pero esa interpretación no tiene mucho sentido en la actualidad. Y hay una tercera razón, que podríamos llamarla política, que es el sistema patriarcal. No hay una preferencia para hacerse cargo de las tareas del hogar, hay una coacción social. Ahora, que las mujeres lo hagan porque quieren o que lo hagan porque han sido educadas para ello y tienen muchas dificultades para apartarse del papel que les ha sido asignado, eso cambia las cosas.

–¿Cómo apartarse de los roles asignados?

–Es muy difícil romper las normas sociales, por eso vuelvo a llamar la atención sobre la estructura económica. Lo que se está descubriendo es que el trabajo doméstico no remunerado es un inmenso sector económico que no puede dejar de producir. Si dejamos de producir nuestro trabajo, es decir, si dejamos de ocuparnos del cuidado, se nos morirían los niños y los ancianos, o los hombres que están desligados de todo ello quizás no llegarían a tiempo a sus empleos. No se puede prescindir de un sistema del que depende la permanencia de una comunidad entera. ¿Cómo hacerlo? ¿Lo trasladamos al mercado? ¿Lo trasladamos a la administración pública? ¿Lo convertimos en voluntariado? ¿O hacemos una redistribución de papeles? Son estrategias distintas. En tanto vivamos en economías fuertemente capitalistas hay que trasladar al mercado de modo eficiente, lo que quiere decir que todo el mundo puede acceder a ellos.

Intervención

Sobre los intentos de regularización del trabajo de cuidado, a través de la intervención del Estado, la socióloga analiza: “A veces tiene éxito y otras veces no sirve de nada porque el Estado sólo cambia lo que puede, no lo que quiere. Muchas veces la resistencia social es tan fuerte que aunque el Estado legisle, da igual lo que legisle, simplemente no se lleva a la práctica. La estructura es muy resistente”

–¿Cómo visibilizar las tareas domésticas que no están reconocidas a nivel social?

–Lo primero es conocerlo. Lo segundo es concientizarlo. Lo tercero es denunciarlo. Y lo cuarto es redistribuirlo. Como lo que hemos dado por natural era invisible, se suponía que era gratuito y que era inagotable. Hay que medirlo para ver cómo aparece, quién lo provee, durante cuánto tiempo y enseguida, una vez que demuestras que existe, puedes pensar en la redistribución. Hay que crear espacios o servicios para que ellas (las amas de casa) tengan tiempo para sí. ¿Cómo van a ir a algún lado si lo primero que requieren es tiempo? Así no hay oportunidad real de que cambien de perspectiva o de que reclamen por sus derechos.

Y sobre el final, al referirse a otras desigualdades de género, analiza: “A mí me interesa la pequeña violencia: el no-acceso al trabajo. No hay que perder de vista que mientras no haya condiciones estructurales en las que las mujeres tienen  posibilidad de acceso pleno a toda la estructura no podemos avanzar. Es más fácil que se te revuelva el corazón cuando ves un asesinato que cuando ves a una mujer que simplemente no tiene tiempo para sí”.

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