El trabajo invisible: quién paga las tareas del hogar

Nota publicada en el suplemento Número Cero de La Voz del Interior (25/6/2017)
Ver publicación original

En gran parte, la economía de una sociedad se asienta en los trabajos de cuidados o tareas no remuneradas. Algunas claves y análisis para entender cómo abordarlos. ¿Intervención del Estado? ¿Redistribución de tareas entre mujeres y varones? ¿Retribuciones salariales?

 

“¿Trabaja?”. “No, soy ama de casa”. Así responden cuando les preguntan por su ocupación laboral muchas mujeres que desde que se levantan hasta que se van a dormir trabajan exclusivamente en el sostenimiento del hogar: el desayuno servido, las camas tendidas, la comida preparada, la casa limpia, la ropa planchada, los hijos con las tareas hechas, cocinar otra vez, después volver a limpiar y después, si es posible, dormir. Sucede que las amas de casa, es decir las mujeres dedicadas full time a las tareas domésticas y de cuidado, para las cuentas nacionales caen en la categoría de inactivas.

Las tareas del hogar no son inherentes a la condición de mujer pero culturalmente están asociadas a ella. Sí definen el sostenimiento de la sociedad pero no generan un valor económico y por eso están contenidas en la categoría de inactivas, como si no fueran un factor productivo. La economista Mercedes D´Alessandro en su libro Economía Feminista se pregunta “¿Te imaginás si los hombres trabajaran en la fábrica gratis solo porque es lo propio de los hombres?”.

“El aporte económico del trabajo doméstico en el PBI no se puede medir mientras se contabilice como no remunerado. Quiere decir que ya el concepto de ama de casa para las cuentas nacionales refleja la idea de que lo que producen no es relevante para la medición de la producción nacional. Son como una planta, algo que está ahí, quieto, que no produce, que no aporta, que no hace nada. El trabajo que hacen es fundamental y debería ser valorado. La forma de valorarlo en nuestra sociedad es con un salario”, explica D´Alessandro a Número Cero. En Argentina no existen estadísticas actuales, pero a nivel internacional se estipula que el trabajo doméstico no remunerado impacta en un 20 por ciento del PBI.

ADEMÁS. Los frenos femeninos para trabajar: hijos, maternidad y hogar

Unidas y organizadas

Toda ama de casa es una trabajadora. Y conseguir el salario que les corresponde es una de las deudas pendientes del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina (Sacra). Carmen Suárez es la presidenta de la filial Córdoba y Adelma Pontes es la secretaria de la comisión directiva. Ellas dicen que una ama de casa es la que todos los días pone en movimiento a la sociedad.

“Lo ideal sería que las políticas sociales piensen en la ama de casa. No tenemos sueldo. Creemos que la asignación familiar vendría a ser sólo una parte de la remuneración que le corresponde a la mujer por cuidar a sus hijos pero no por las otras tareas”, asegura Carmen. Ella sostiene que el Estado debería garantizar esos sueldos que, de acuerdo a cálculos que realizaron desde Sacra, eran aproximadamente 20 mil pesos, hasta el año pasado. “Le pusimos un precio, porque lo que no tiene costo es como si no tuviera valor, como si no existiera”, agrega Carmen.

Las locas

Juntar las palabras “mujeres” y “sindicato” hace 34 años era una locura. Por eso, a las mujeres que en 1983 empezaron a organizar reuniones en los barrios con el fin de consolidar el sindicato de las amas de casa las llamaban “las locas”. Hacían movilizaciones que exigían que su trabajo fuera reconocido como tan digno y valorable como los demás. Cuando empezaron solo eran diez.

“Las mujeres estábamos muy poco acostumbradas a la participación. Todo el mundo dice que reunirse, hablar y luchar es política. Si pelear por los derechos de una trabajadora en el hogar es hacer política, sí hacemos política”, dice Adelma.

Al conseguir un salario podrían obtener también la jubilación por ser amas de casa y la personería gremial. Ahora pueden acceder a la jubilación como amas de casa, a través de la moratoria previsional vigente desde 2004 que habilita que tanto hombres como mujeres que cumplan el requisito de edad pero no tengan aportes hechos puedan jubilarse mientras les hacen descuentos hasta cubrir los años de aportes correspondientes.

En la década de 1960, cuenta D´Alessandro, solamente dos de cada diez mujeres trabajaban fuera del hogar y hoy son siete de cada diez las mujeres que trabajan fuera del hogar. Así, algunas mujeres cumplen doble jornada: eligen trabajar fuera del hogar pero cuando regresan también deben ocuparse de las tareas domésticas y de cuidado. La distribución de las tareas del hogar es asimétrica. Con una mano ocupada en hacer la limpieza y la otra mano en preparar la comida, con los ojos puestos en los niños, con la cabeza puesta en lo que queda por hacer el resto del día, así salen a trabajar muchas mujeres y lo único que consiguen son empleos precarizados. La precarización es una mal llamada solución para aquellas mujeres que necesitan jornadas de trabajo cortas o flexibles que sean compatibles con las tareas domésticas y de cuidado.

EN PROFUNDIDAD. Entrevista a Mercedes D’Alessandro en LAVOZ.com.ar

“Las mujeres entraron al mercado laboral cargándose las tareas del hogar también porque no pudieron dejarlas de lado y la única ayuda que podemos decir que recibieron interesante es la de los electrodomésticos, porque el hombre si bien empezó a aumentar su participación en las tareas del hogar no lo hizo al mismo ritmo respecto al ritmo de ingreso de las mujeres al mercado laboral. Venimos arrastrando una división del trabajo hacia el interior de las familias que tiene que ver con otra formulación de las relaciones sociales y productivas, que tienen que ver con otro tipo de sociedad. Y hoy esa sociedad ya no existe, con lo cual podríamos plantearnos la posibilidad de transformar la distribución de las tareas al interior de los hogares”, explica D´Alessandro.

El 76 por ciento de los trabajos no remunerados son realizados por las mujeres, según una encuesta realizada en 2013 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) en una encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo. 9 de cada 10 mujeres realizan las tareas domésticas mientras que 4 de cada 10 varones no realiza ninguna, aunque estén desempleados. Las mujeres destinan un promedio de 6,4 horas diarias a esas actividades y los varones 3,4. De allí se desprende que hay una brecha salarial que vuelve a las mujeres más pobres que a los varones: porque trabajan tres horas diarias más por día, gratis.

Tabúes

“Antes había tabú con las tareas del hogar, si un varón realizaba alguna lo tildaban de femenino y no es verdad. Hay que enseñarles a los hijos que así como aportamos al hogar con nuestro trabajo, ellos también deben hacerlo con las tareas domésticas. No lo vuelve femenino porque las tareas del hogar no sólo le corresponden a las mujeres”, dice Adelma.

Si bien hay un crecimiento en la incorporación de mujeres al mercado de trabajo global, también es cierto que el proceso está dado bajo condiciones de precarización. Las estadísticas en Argentina muestran que cinco de cada 10 mujeres con hijos trabajan de manera precarizada, lo que se traduce en la ausencia de los derechos básicos reconocidos a través de las leyes laborales y en disparidad respecto al trabajo fuera del hogar. En las familias con más de dos hijos la brecha alcanza hasta un 33 por ciento. El creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales consolida la feminización de la pobreza.

La transformación cultural es una solución a largo plazo. En la inmediatez, acceder al mercado laboral es difícil para las mujeres y la falta de autonomía económica está relacionada directamente con la violencia de género: quedan cautivas en el hogar. La socióloga española María Ángeles Durán es una especialista en “economía del cuidado” y explica que es imposible avanzar hacia la igualdad de géneros sin antes dar respuesta a las violencias cotidianas que sufren las mujeres por la invisibilización del trabajo doméstico no remunerado. Y asegura: “No hay ningún sistema ideológico que pueda funcionar si no tiene un correlato económico”.