Entre la ley y el deseo. Nuevas formas de hacer familia a siete años del matrimonio igualitario.

Nota publicada en el diario Perfil Córdoba (16/7/2017)

 

En el 2010 el Congreso de la Nación sancionó la Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario. Marcos Bakota y René Boiero se casaron en el 2013, en Córdoba. Lo hicieron porque querían formar una familia.

Para la abogada María Belén Mignon la ley de matrimonio igualitario ayudó a romper con la idea clásica del matrimonio que es la figura tradicional en el derecho de familia. Cuando Dalmacio Vélez Sarsfield redactó el Código Civil, el matrimonio estaba regulado por las normas del derecho canónico. Era sólo para personas católicas, de distinto sexo y tenía como finalidad a la procreación.

“Las otras formas de hacer familia eran desviadas. Todas las sexualidades no heterosexuales, no matrimoniales y no reproductivas han sido tildadas de perversas. Es una construcción de la iglesia católica. Antes el adulterio era un delito. Bastaba un acto de la mujer para que quedara configurado mientras que el hombre tenía que vivir en manceba –relación paralela– para que quedara constituido el delito. Así fue construyéndose un derecho patriarcal y netamente sexista”, explicó la abogada.

A partir del 2010 las parejas constituidas por personas del mismo sexo ya no solo pueden casarse sino también tener hijos juntos. No es que antes no pudieran hacerlo. Mignon explica que los hechos anteceden al derecho: las leyes lo que hacen es visibilizar situaciones de hecho. La Ley de Matrimonio Igualitario amplió derechos. “Casarse era uno de los requisitos fundamentales que nos plantearon los abogados cuando decidimos ser papás”, explicó Marcos Bakota.

La filiación puede ser biológica, por técnicas de reproducción humana asistida o por adopción. En la adopción sólo hay voluntariedad y no aparece ningún elemento genético ni biológico, surge de una sentencia judicial. En la filiación por técnicas de reproducción humana asistida sí, porque es posible aportar óvulos o espermatozoides.

Marcos y René querían hijos biológicos. Era el 2013. En Argentina ya estaba sancionada la Ley 26.862 de “Acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción médicamente asistida” que garantiza el tratamiento sin que importe el sexo o la edad. Pero los varones necesitan de un vientre: pueden acceder a través de la gestación por sustitución, que no fue regulada en la última modificación del Código Civil, y así quedó un vacío legal.

Por eso la mayoría hace el tratamiento en Florida, Estados Unidos. Actualmente cuesta cien mil dólares. Lo que cubre es la donación de óvulos y la gestación por sustitución. Ya casados, Marcos y René viajaron a Tabasco, en México. Fueron a Insemer, la clínica de fertilización asistida, donde les propusieron la gestación por sustitución que allá sí estaba contemplada en la legislación. La mujer gestante no aporta material genético, por ende no hay vínculo genético con el bebé que lleva en la panza: el embrión se forma in vitro (afuera del cuerpo de la mujer) con material genético de otra mujer (óvulos donados) y material genético del varón que contrata el servicio. Como en México no hay matrimonio igualitario, solo uno de ellos podía ser contratante. Diferente es la maternidad subrogada, cuando la gestante aporta sus óvulos también.

El tratamiento que realizaron en el 2013 costó USD50.000 y contemplaba gastos desde la fertilización in vitro hasta el nacimiento del bebé. Aparte había que pagar USD5.000 por la donación de óvulos. Usaron óvulos congelados y ninguno sirvió. La segunda vez que lo intentaron usaron óvulos frescos y tuvieron que pagar cargos adicionales. En total, destinaron aproximadamente USD75.000.

En el programa de gestación por sustitución las gestantes elegían a la familia: monoparental, homoparental o heterosexual. Ellas eran seleccionadas por perfil psicológico y biológico. Lo que hacen es ceder o donar la capacidad de gestación. Y aunque la mujer recibe una remuneración a cambio del servicio, Marcos recuerda que la mayor parte del dinero queda para la clínica.

“Hay mujeres que están absolutamente en contra de la gestación por sustitución porque dicen que se sigue cosificando el cuerpo de la mujer para un fin que muchas veces es comercial: entra en el comercio nuestra capacidad reproductiva. Tanto se luchó por deconstruir la figura de la mujer como cuerpo reproductivo que consideran que así vuelve la idea de mujeres como cuerpos reproductivos, como si se dejara de lado el ser mujer y sólo fuéramos un útero puesto al servicio, generalmente, de dos varones gay. Las mujeres más liberales sostienen que hay que confiar en la mujer: que la gestante va a tener la autonomía personal y el discernimiento para hacer con su cuerpo lo que ella quiere. ¿Por qué subestimar la capacidad de decidir de esa mujer?, se pregunta Mignon”.

Cuestión de clase

De fondo también hay una cuestión de clase: las mujeres gestantes muchas veces lo hacen por dinero. Para la abogada, “todo lo que uno prohíbe o no regula se invisibiliza. Porque si el Estado regula, controla. Así las gestaciones estarían controladas. Habría un juez que validaría el acuerdo entre partes para determinar que la mujer no sea explotada, que haya tenido experiencias de maternidad, que tenga discernimiento. El control permite blanquear situaciones y proteger a los vulnerables”.

Después de la fertilización in vitro Marcos y René viajaron otra vez a Tabasco para estar en el momento en que iban a transferir los embriones al cuerpo de la mujer gestante. En la sala estaban los tres: la mujer recostada sobre la camilla, sentados uno de cada lado, Marcos y René sostenían sus manos. En la habitación sonaba música clásica. “Le hacía caricias en la cabeza y le decía ‘¡vamos Francisca!’”. En un monitor mostraban lo que pasaba adentro del cuerpo de la mujer. Vieron como cayó una gotita en el útero, donde iban todas las ilusiones de ser padres. En noviembre de 2014 nacieron sus dos hijos.

“Si las parejas homosexuales no pueden viajar al extranjero tienen que adoptar porque en Argentina el bebé es de quien pare”, explicó Andrés Juárez Villanueva. Hace un mes abrió junto a Gustavo Gallardo la clínica Gynesis, un centro especializado en fertilidad, medicina y cirugía de la reproducción. Recibe un promedio de cinco consultas por día. La mayoría son parejas heterosexuales que buscan un embarazo hace mucho tiempo, pero también consultan parejas homosexuales, mujeres solas o varones solos que tienen entre 35 y 42 años.

Los tratamientos de fertilización asistida pueden ser baja o alta complejidad. Lo más simple es una relación sexual programada para que aquellas mujeres que no ovulan puedan hacerlo a través de medicación específica de acuerdo al diagnóstico. La ovulación es controlada a través de la ecografía para evitar embarazos múltiples, que son riesgosos tanto para la madre como para los bebés. En la inseminación intrauterina (cuando los óvulos y la fertilidad de la mujer están en condiciones) introducen semen en el útero a través de un catéter en el momento en que la mujer está en la etapa de ovulación. Son dos tratamientos donde el encuentro del óvulo y el espermatozoide ocurren dentro de las trompas de Falopio de la mujer.

Los tratamientos in vitro son de alta complejidad donde se busca formar un embrión afuera del cuerpo de la mujer que después se transfiere a su útero. Para una fertilización in vitro, la medicación por diez días cuesta entre $25.000 y $30.000, aparte el tratamiento cuesta $45.000. Un tratamiento que necesite óvulos donados cuesta $80.000 (donación de óvulos más fertilización). La inseminación intrauterina cuesta $8.000, más $5000 de medicación. Y la inseminación intrauterina cuesta $12.000. El estudio genético de los embriones –que se usa para determinar si el bebé va a nacer con alguna complejidad genética– cuesta 4.000 dólares aproximadamente.

En el 2015, la clínica donde Marcos y René hicieron el tratamiento les informó que a partir de la nueva legislación sólo las mujeres nacidas en Tabasco podrían acceder a la gestación por sustitución. “Hay una fuerza homofóbica que va bloqueando puertas y hay otra fuerza de visibilización que va luchando. Tenemos más derechos pero la realidad sigue siendo dura”, contó Marcos. Y agregó: “El deseo de ser padres es lo que nos generó la valentía que nos permitió atravesar todo el proceso”.