Poesía

I
Hay un pájaro muerto en la vereda,
la gente dibuja un círculo a su alrededor
para mirar cómo los insectos lo mastican
-quieren asegurarse la ausencia de rastros-
Después, sellarán todas las puertas
para negar que la muerte existe
A mí me gusta caminar por el pasillo
y saber que al final,
antes de salir a la calle,
todavía están las plumas pegadas al suelo
sobre un charquito de sangre
como si hubieran aplastado un puñado de moras:
el pájaro desobediente
dejó una cicatriz en el cemento
La imagen se clava en mis ojos
como la primer moneda que cae
en la alcancía de un niño.

II
Ahora lo único que hago es llorar,
siento que soy Hiroshima
y es en vano descubrir
quién hará detonar la bomba
Claro que desearía darle muerte antes
pero ya sé que voy a volar por los aires,
entonces agradezco
que las paredes de mi casa sean blancas
así será más fácil reconocer mis pedazos
No ensayo cómo morir
pienso dónde dejé el hilo
que uso para coser mujeres:
esta vez voy a nacer desde mi vientre
Será un acto sucio,
hice bien en no pasar el piso
hoy a la tarde.

III
Una vez al año
durante diez minutos
mi vecino tira fuegos artificiales
celebra así su natalicio
los niños se paran en el medio de la calle
las vecinas se amontonan en las veredas
los envidiosos se asoman desde la puerta
todos quieren ver
pero nadie se acerca a abrazarlo
sucede que el fuego no entra por los ojos
la soledad
empieza por las manos

Poemas publicados en Rutas

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***

Una siesta se desprendió de mí
el hijo que nunca tuve
hoy soy como él
me niego a vivir
donde los vientres no están dispuestos a abrirse
a soltar lo que se lleva dentro
siempre entrego mis pedazos
nunca miro los rostros
nadie me ha visto por dentro
como el hijo que nunca tuve
nadie me ha visto desnuda
como me vio él aquella siesta
Afuera las gotas caen al suelo
con la simpleza que se sueltan
las porquerías de los bolsillos
o se tira la ropa al piso
cuando sólo hay una hora para amar
no quiero nombrar la misericordia
quiero que sepas que aún te podes salvar
de dibujar una O de memoria
Cuando se empieza a caminar en círculo
todo empieza a morir
pero uno puede desprenderse
como hizo el hijo que nunca tuve
Se puede volver a nacer

***

A Yamila Cuello
¿Dónde anda compañera?
quizás donde estés
el pájaro cante
por acá aún las corbatas
le ahorcan los ojos a la justicia
las puertas no nos responden
y nos hieren hasta la propia sombra
entonces salimos con la luna entre los dedos
y hacemos un faro en las calles
que te dibuje el camino a casa,
donde estés
estarás resplandeciendo
Desaparecer
es extirparle el corazón a la memoria
pero vos seguís latiendo Yamila
estás aparecida en las paredes
en los ojos de la Sole
en las bocas erizadas con tu nombre
que sueltan en gritos Yamilas al viento
para que lleguen a tus oídos
como un cuento maternal
Te esperamos en octubre
y octubre será todo el año
tendremos sed Yamila
y sólo de vos brotará el agua
traerás una lengua encendida entre las manos
quizás donde estés la lengua
se use para hablar
Yamila
no faltas para que te aparezcamos en poesías
¿Dónde anda compañera
buscándonos / buscándote?

Posición de vuelo
Ahí
donde está el Paseo del Buen Pastor
antes había una cárcel de mujeres
dentro, al menos una,
se paraba sobre el cementerio de sus huesos
se mantenía encendida como un fósforo mojado.
Su única parte del cuerpo
que permanecía en libertad
habrán sido sus ojos
cuando encontraban un pedazo de cielo
entre las rejas de una ventana,
entonces lo doblaba en pedacitos
lo refregaba por los ojos de sus compañeras
lo metía en su garganta
para que el niño que llevaba dentro suyo
masticara un pedazo de pájaro.
Mi hermana de 13 años no sabe
que había una cárcel de mujeres
donde ahora hay aguas danzantes
y una estatua del Potro Rodrigo.
Mi viejo hizo el servicio militar obligatorio
siempre utiliza las palabras:
muerte negro mierda
en una misma oración,
así crecí,
resisto en este poema
como una madre que grita:
ha muerto un pájaro
lo toma entre sus manos
su aliento lo acaricia
sus ojos lo vuelven llave
caminará con ella mientras tenga piernas
luego, empezará a arrastrarse.
La memoria no es el pájaro muerto
ni la mujer que lo lleva entre las manos,
es la sangre que llevamos en el cuerpo
que es la misma que recorre
las alas del pájaro.